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La producción porcina como inclusión social, diversificación y reconversión en la Argentina

Siempre se habla de la necesidad de lograr mantener a los productores en el campo, pero pocas veces se da la herramienta necesaria para lograrlo. Un productor de 50 ha. de soja en el Chaco no se “salvará” si sacan las retenciones, solo sobrevivirá él, pero no encontrará respuestas para sus hijos (suponiendo que solo sean 2). Ahora si en ½ ha. comienza con producción porcina intensiva, a campo, generará trabajo genuino para él y sus hijos, evitando la expulsión hacia las grandes urbes y desde ya mas pobreza.
Un productor en Misiones con 5 ha. de Yerba Mate y plantaciones que tienen mas de 60 años, con baja productividad, tiene la oportunidad de hacer una nueva plantación, pero esto provocará un aumento en la oferta a un mercado bastante limitado en el consumo. La opción de la producción porcina es una de las alternativas que le permitirá a él y su familia seguir trabajando dignamente y generando un bien transable y con demanda creciente, tanto en nuestro país como en el mundo.
Podemos mencionar ejemplos del tabaco en Salta, la caña de azúcar en Tucumán, el tambo en el norte de Córdoba y muchos ejemplos mas a lo largo y ancho del país. Para todos es fácil la incorporación de la producción intensiva de cerdos de tipo social o familiar y que permitirá un ingreso de dinero extra para la familia.
Esto no es una propuesta inventada, es la adaptación de lo que realizan distintos países a favor de una producción agropecuaria social y aumento de bienes alimenticios demandantes.
En Brasil se ha demostrado que al Estado le sale muchísimo mas barato mantener una familia en 2 o 3 ha. en un morro, donde se siembra y se cosecha el maíz a mano y tienen 5/10 cerdas madres, que esa familia se traslade a una favela con todos los problemas negativos que eso conlleva. Además hacen un bien transable, con valor agregado y le permite colocar a nuestros vecinos, como principales productores de carne del mundo.
Pero esta propuesta no consiste en un asistencialismo de darle las cerdas madres o el dinero y que los pequeños productores se arreglen. Es fundamental generar estructuras asociativas que le permitan ser eficientes, tener costos competitivos y llegar lo mas adelante posible en la cadena de valor, inclusive al consumidor.
Las cooperativas son en el mundo un ejemplo de asociativismo. En nuestro país fueron brutalmente bastardeadas por negligencia de los responsables de administrarlas o gerenciarlas y para algunos son mala palabra. Debemos recuperar estas instituciones que permiten que la ganancia se derrame entre todos los que forman parte de ella. Haciendo algunos números para dar un marco adecuado de lo que estamos hablando, nuestro país consume un poco mas de los 9 kg. per cápita, podríamos llegar a los 16 kg sin mover mucho las estructuras del consumo de carnes y favoreciendo a la carne vacuna. Los 7 kg. que se necesitan de aumento equivale a la producción de 140.000 madres nuevas. Si de ellas, en un plan serio y coordinado 100.000 se promueven en pequeños productores de 5 madres cada uno, estaríamos llegando a 20.000 familias de producción porcina social integrada horizontalmente, diversificando, reconvirtiendo y potenciando el trabajo digno y dando de comer carne a nuestro pueblo sana, saludable, sabrosa y barata.

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